La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en colaboración con Catar, pone en marcha en Ucrania un programa específico de desminado de tierras agrícolas. El objetivo es identificar las parcelas más contaminadas, limpiarlas y acompañar a los pequeños productores en el reinicio seguro de sus actividades.
Para la economía rural no se trata solo de un proyecto humanitario. Sin campos seguros, resulta imposible financiar almacenes, centros de procesamiento o nuevas inversiones en riego en las zonas afectadas por la guerra. El desminado se convierte en la primera fase de cualquier estrategia de reconstrucción agrícola.
Componentes principales del programa
Según el diseño preliminar, la iniciativa FAO–Catar incluirá:
- inspección técnica de tierras contaminadas y definición de prioridades por región;
- desminado mecánico y manual de parcelas y caminos rurales;
- apoyo básico a los agricultores cuyas tierras hayan sido limpiadas, como equipamiento y suministros;
- campañas de educación sobre riesgos dirigidas a comunidades rurales.
Las primeras intervenciones se concentrarán probablemente en las regiones donde la proporción de tierras agrícolas minadas es más alta y donde ya se preparan proyectos de inversión en almacenamiento y logística.
Por qué el desminado agrícola es un tema de inversión
Para un pequeño agricultor, la imposibilidad de sembrar una sola parcela puede significar la pérdida de toda la temporada. Para un inversor, la presencia de minas cerca de silos o campos reduce el valor de los activos y encarece el seguro.
Al limpiar sistemáticamente las zonas rurales, cambia el perfil de riesgo de distritos enteros. Esto abre la puerta a proyectos de modernización de elevadores, construcción de centros logísticos y creación de polos de procesamiento de alimentos más cerca de la producción.
Rol de los socios internacionales
El programa se integra en un marco más amplio de coordinación entre desminado humanitario e iniciativas de reconstrucción. Los socios internacionales pueden aportar maquinaria especializada, metodologías de seguridad y un sistema de seguimiento transparente, mientras que las instituciones ucranianas se centran en la selección de territorios y la integración con los planes de desarrollo local.
Si el piloto tiene éxito, el modelo podría ampliarse con nuevas aportaciones de donantes, bancos multilaterales o fondos climáticos. Para el sector privado, esto significa un entorno cada vez más predecible para invertir en regiones que hoy todavía se perciben como demasiado expuestas al riesgo de minas.
